Cultura y maternidad

Por Raqeul Uscalovsky Charlson

Hoy en mi podscast hablamos de:
Una fecha que en nuestra región guarda historias que marcaron generaciones.
En Colombia, se recuerda el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, una conmemoración que nace de un hecho ocurrido el 9 de abril de 1948.
En Argentina, se visibiliza el Día del Pago Igualitario, una jornada que simboliza cuántos días más debe trabajar una mujer para igualar lo que un hombre ganó el año anterior.
Dos fechas distintas, dos países distintos…
pero un mismo mensaje: justicia, dignidad y familias que resisten.

Bloque Colombia – Memoria (9 de abril de 1948)
El 9 de abril de 1948, Colombia vivió uno de los momentos más dolorosos de su historia:
el asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán.
Ese día estalló El Bogotazo, un estallido social que marcó el inicio de un periodo de violencia que luego se transformó en un conflicto armado de más de medio siglo.
Hoy, esa fecha se convirtió en un día para honrar a más de 9 millones de víctimas.
Personas desplazadas, familias fracturadas, desaparecidos, sobrevivientes que aún buscan verdad y reparación.
Y detrás de cada víctima, siempre hay una historia familiar.
Madres que llevan décadas buscando a sus hijos.
Padres que reconstruyen hogares enteros desde cero.
Hijos e hijas que crecieron entre la ausencia y la esperanza.
La memoria, en Colombia, tiene fecha: 9 de abril de 1948.
Pero su eco sigue vivo en cada familia que aún espera justicia.

Bloque Argentina – Igualdad (9 de abril como símbolo de la brecha salarial)
En Argentina, el 9 de abril tiene otro significado.
Es el Día del Pago Igualitario, una fecha simbólica que marca cuántos días extra debe trabajar una mujer para igualar el salario que un hombre obtuvo el año anterior.
No es una fecha histórica puntual, sino un cálculo que se repite año tras año.
Un recordatorio de que la brecha salarial sigue existiendo.
De que las mujeres, en promedio, ganan menos por el mismo trabajo.
Y esa desigualdad también atraviesa a las familias.
La maternidad suele significar menos oportunidades laborales.
El trabajo de cuidados —no remunerado— recae mayormente en las mujeres.
Las licencias desiguales dificultan la corresponsabilidad en la crianza.
Por eso, el 9 de abril en Argentina no es solo una fecha en el calendario.
Es un llamado a construir maternidades más libres
y paternidades más presentes.

Dos fechas, un mismo mensaje
El 9 de abril de 1948 marcó la historia de Colombia.
El 9 de abril, año tras año, marca la desigualdad salarial en Argentina.
Dos fechas que nos recuerdan que la justicia empieza en casa
y que la memoria y la igualdad también se heredan.
Hoy, 9 de abril, abrazamos a las familias que sostienen la vida,
a las que resisten la violencia,
a las que luchan por igualdad,
a las que crían en medio de la incertidumbre
y a las que sueñan con un futuro más justo.
Porque la memoria tiene fecha.
La igualdad también.
Y las familias… son el puente entre ambas.

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“Después de Pesaj: El Eco de la Libertad”
Hay un momento, justo después de Pesaj, en el que la casa queda en silencio.
Un silencio distinto.
No es el silencio del cansancio, ni el de la rutina que vuelve a instalarse.
Es un silencio lleno de ecos: de voces, de risas, de canciones, de historias que se contaron alrededor de la mesa.
Un silencio que todavía huele a vino dulce, a especias, a matzá tostada, a familia.

Pesaj terminó… pero algo queda suspendido en el aire.
Y hoy vamos a caminar por ese “después”, ese territorio donde la festividad ya pasó, pero su huella sigue viva.

– “EL REGRESO DEL PAN”
Hay un gesto que marca el final de Pesaj más que cualquier calendario: el primer pan.
Ese instante en el que uno vuelve a sentir la miga suave, el aroma cálido, la textura familiar.
Es casi un ritual en sí mismo.

Durante una semana, el pan desaparece.
Y en su ausencia, uno descubre cuánto lo acompaña en lo cotidiano.
No solo como alimento, sino como símbolo de normalidad, de hogar, de ritmo.

Ese primer bocado después de Pesaj es una especie de reencuentro.
Un recordatorio de que lo extraordinario fue hermoso… pero que lo cotidiano también tiene su magia.

  • “LA CASA QUE DESPIERTA
  • El día después de Pesaj, la casa parece despertar lentamente.
  • Los objetos vuelven a su lugar habitual: la tostadora reaparece, las ollas de siempre regresan a la cocina, la vajilla especial se guarda con cuidado, como si se la devolviera a un sueño del que solo despierta una vez al año.

Hay algo casi poético en ese proceso.
Es como si la casa respirara profundo, estirara los brazos y dijera: “Bueno, volvamos”.

Pero en ese volver, queda un rastro de lo vivido.
Una mesa que todavía conserva la memoria de las conversaciones.
Una cocina que guarda el aroma de los platos especiales.
Un rincón donde alguien se rió más fuerte de lo habitual.

La casa vuelve a ser la de siempre… pero no exactamente igual.

– “LAS HISTORIAS QUE QUEDARON EN LA MESA”
Cada Seder es un universo.
Un universo donde conviven tradición, familia, caos, solemnidad y carcajadas.
Y cuando Pesaj termina, ese universo deja historias flotando.

Historias que se contarán durante meses.
El afikomán escondido demasiado bien.
El plato que salió distinto a lo esperado.
La canción que todos cantaron con más entusiasmo que afinación.
La mirada cómplice entre generaciones cuando se repite un ritual que ya tiene siglos.

Son momentos que no aparecen en ningún libro, pero que construyen la memoria afectiva de cada familia.
Son los detalles que hacen que Pesaj no sea solo una festividad, sino una experiencia.

– “LO QUE QUEDA EN EL CORAZÓN”
Más allá de la comida, más allá de las historias, Pesaj deja algo más íntimo.
Una sensación que no siempre se puede poner en palabras.

A veces es gratitud.
A veces es nostalgia.
A veces es la certeza de que, por un instante, el tiempo se detuvo y permitió que todos se encontraran.

Pesaj habla de libertad, pero también habla de memoria.
De raíces.
De identidad.
Y cuando termina, uno se queda con la pregunta silenciosa:
“¿Qué parte de esta libertad quiero llevar conmigo al resto del año?”

Ese es el verdadero después de Pesaj.
Un espacio donde uno se mira a sí mismo y descubre que algo cambió, aunque sea un poco.

– “PESAJ EN EL MUNDO: UN MISMO RELATO, MIL VOCES”
Pesaj se celebra en cada rincón del planeta, y cada lugar le da su propio color.
Hay melodías que cambian, acentos que transforman las palabras, platos que cuentan historias de migraciones, de encuentros, de mezclas culturales.

Pensar en Pesaj alrededor del mundo es recordar que, aunque cada mesa es distinta, todas cuentan el mismo relato:
el relato de un pueblo que recuerda, que celebra, que transmite.

Y cuando la festividad termina, ese relato sigue viajando.
En las canciones que quedaron resonando.
En las recetas que se repetirán el año siguiente.
En las tradiciones que se heredan como un tesoro.

– “LA MÚSICA QUE SIGUE SONANDO”
Hay canciones que se cantan solo en Pesaj… pero que se quedan en la cabeza varios días más.
Melodías que cruzan generaciones, que se cantan con risas, con emoción, con complicidad.

Dayenu.
Jad Gadya.
Ejad Mi Yodea.

Son más que canciones: son puentes.
Puentes entre pasado y presente, entre abuelos y nietos, entre tradición y vida cotidiana.

Cuando Pesaj termina, esas melodías siguen ahí, como un eco suave que acompaña la vuelta a la rutina.

“EL ECO QUE PERMANECE”
Pesaj terminó.
Las mesas se despejaron, las canciones se apagaron, la casa volvió a su ritmo habitual.
Pero algo queda.

Queda el eco de la libertad.
Queda la memoria de lo compartido.
Queda la certeza de que, una vez más, se abrió un espacio para recordar quiénes somos y de dónde venimos.

Y ese eco, suave pero firme, nos acompaña mientras volvemos a caminar por la vida cotidiana.

1. El primer Shabat que entendió
Una niña de tres años corre por la casa mientras los adultos preparan todo a las apuradas.
La mesa está puesta, pero el ambiente todavía es de semana: teléfonos vibrando, ollas hirviendo, voces superpuestas.
Y de pronto, las luces se apagan.
Las velas se encienden.
La madre cubre sus ojos.
La niña se detiene, como si alguien hubiera presionado un botón invisible.
Mira el fuego, mira a su madre, mira el silencio recién nacido.
Y dice, con una certeza que no aprendió en ningún libro:
“Ahora empieza la calma.”
Ese día, los adultos entendieron que el Shabat no se explica.
Se siente.

💬 2. La pregunta que desarma
Un niño está guardando bloques de colores.
De repente se queda quieto, como si un pensamiento lo hubiera tocado desde adentro.
Levanta la vista y pregunta:
“¿Dónde estaba yo antes de nacer?”
La pregunta cae como una piedra en un lago.
Los padres se miran, sin saber quién debe responder.
La tradición dice que las almas vienen de un lugar de luz, que aprenden toda la sabiduría antes de llegar al mundo.
Quizás él lo recordaba.
Quizás por eso preguntó con tanta naturalidad, como quien busca confirmar algo que ya sabe.

👣 3. Huellas que vienen de lejos
Una mujer está acunando a su bebé.
Canta una melodía suave, sin pensar.
Alguien le pregunta qué canción es.
Ella se queda en silencio.
No lo sabe.
Pero su abuela la cantaba en Yiddish, en una cocina pequeña, hace décadas.
La melodía viajó sin pasaporte, sin intención, sin memoria consciente.
Las generaciones hablan a través de nosotros, incluso cuando no las escuchamos.

🧸 4. El objeto que guarda una historia
En un cajón hay un talit pequeño, doblado con cuidado.
Nadie lo usa, pero nadie lo tira.
Fue del bisabuelo, luego del abuelo, luego del padre.
Cada hilo guarda un momento: una bendición, una lágrima, una fiesta, una despedida.
Un niño lo encuentra un día y pregunta qué es.
Le cuentan la historia.
Y en ese instante, el talit deja de ser un objeto.
Se convierte en un puente.

🌧️ 5. Criar en días difíciles
Una familia escucha noticias duras.
Los adultos sienten un nudo en el pecho.
Los niños perciben la tensión aunque nadie diga nada.
No hay respuestas fáciles.
No hay explicaciones perfectas.
Solo hay brazos que sostienen, palabras suaves, una manta compartida.
A veces, la forma más honesta de cuidar es admitir que uno también tiene miedo.

🌙 6. Cuando un hijo te cambia el nombre
Una mujer escucha por primera vez la palabra “ima” salir de una boca pequeña.
No es solo un sonido.
Es un renacimiento.
Ese día, ella deja de ser únicamente quien era.
Se convierte en hogar, en refugio, en referencia.
Un nombre nuevo para una vida nueva.

🕍 7. La primera vez que un niño pregunta por Dios
Un niño mira el cielo y pregunta:
“¿Dios me escucha aunque yo hable bajito?”
No busca teología.
Busca compañía.
Busca saber si el mundo es un lugar seguro.
Los adultos responden con ternura, pero también con humildad.
Porque a veces, las preguntas de los niños son más grandes que las respuestas de los adultos.

💡8. La primera vez que un niño pregunta por la muerte
Un niño pregunta:
“¿Las personas que ya no están siguen sabiendo que las quiero?”
Los adultos sienten un nudo en la garganta.
La tradición responde con suavidad:
El amor no desaparece.
Cambia de forma.

🌿9. La bendición de lo cotidiano
Una familia cena junta un martes cualquiera.
No es fiesta.
No es Shabat.
No hay invitados.
Pero hay risas, hay pan, hay miradas.
Y eso también es sagrado.
A veces, lo más santo no está en los rituales, sino en la vida que sucede entre ellos.

Las otras historias las podes escuchar.


“Israel en brazos: 20 ciudades, 20 familias, 20 formas de criar”
Dicen que un país no se conoce por sus mapas…
sino por sus hogares.
Por las luces que se encienden al caer la tarde.
Por los cochecitos que avanzan por veredas estrechas.
Por los padres que cargan mochilas, culpas, esperanzas.
Por las madres que sostienen mundos enteros con una mano mientras con la otra buscan equilibrio.

Hoy, en Crónicas Cotidianas, hacemos un viaje distinto.
Un viaje por Israel, pero no por sus autopistas ni por sus museos.
Un viaje por sus hogares, sus parques, sus mercados, sus calles donde los niños aprenden a caminar, sus bancos de plaza donde los padres suspiran, sus velas de Shabat que iluminan cocinas pequeñas y corazones enormes.

Hoy recorremos 20 ciudades, 20 escenas, 20 familias.
Cada una con su manera de criar, de amar, de enseñar, de sostener.
Cada una con su forma única de ser parte de esta historia milenaria que sigue escribiéndose en pañales, mochilas, chupetes y preguntas que desarman.

🏙️ 1. Afula – El mercado, la risa y el olor a hogar

Lugar: Mercado Central, Parque Municipal.

En Afula, el Mercado Central despierta antes que el sol.
Una madre camina entre puestos de especias, frutas brillantes y voces que se mezclan como una sinfonía improvisada.
Su bebé, en el cochecito, abre los ojos por primera vez ese día.
Ella le muestra un ramo de jazmines.
El bebé ríe.
Y en esa risa, la madre entiende que la vida, incluso en su cansancio, todavía florece.

Afula no es solo una ciudad.
Es un recordatorio de que la maternidad también huele a pan caliente.

🏞️ 2. Ariel – El susurro del Shemá entre montañas

Lugar: Parque Nacional Nahal Raba.

En Ariel, el viento baja desde las colinas como si trajera historias antiguas.
Un padre camina con su hijo por el sendero.
El niño pregunta qué es Dios.
El padre no da una clase.
No cita libros.
Solo dice: “Escuchá”.

Y juntos, en silencio, recitan Shemá Israel.
La fe, a veces, es un susurro compartido entre dos generaciones que se buscan.

🕍 3. Bnei Brak – La melodía que no se olvida

Lugar: Calle Rabbi Akiva.

En Bnei Brak, la vida late rápido.
Panaderías, librerías, yeshivot, coches dobles, madres apuradas, niños que cantan.
Una familia se detiene frente a una tienda de libros.
Los chicos entonan una canción que aprendieron en el jardín.
La madre sonríe: es la misma canción que ella cantaba de chica.

La tradición no se enseña.
La tradición se hereda como una melodía que nunca se apaga.

🌾 4. Beit She’an – Donde las ruinas sostienen el futuro

Lugar: Parque Arqueológico Nacional.

Una abuela camina entre columnas rotas con sus nietos.
Ellos corren, saltan, inventan juegos.
Ella los mira y piensa:
“Ellos son mi imperio”.

La historia continúa en piernas pequeñas.

🏘️ 5. Beit Shemesh – El primer Shabat con un recién nacido

Lugar: Parque HaNasi.

Una pareja joven llega con su bebé.
Es su primer Shabat como padres.
Las velas se reflejan en los ojos del niño.
No entiende el ritual, pero reconoce la luz.

La espiritualidad, a veces, es pura intuición.

🌄 6. Carmiel – El cielo del norte como bendición

Lugar: Parque HaGalil.

El bebé mira el cielo azul profundo y ríe sin razón.
La madre piensa que ese cielo es una bendición silenciosa.
La naturaleza también educa.

Entre otras ciudades que podes escuchar


Raquel
Raquel

Soy Raquel Anabel Uscalovsky Charlson, periodista integral, realicé especialización en periodismo de espectáculos y deportivo. Además, estudié diseño web entre otras cosas relacionadas con periodismo e informática.

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