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Por Rajel Uscalovsky Charlson
Hoy en mi podscast hablamos de los siguientes temas:
🕯️ IOM HAZIKARÓN
Un día en el que Israel entero se detiene… literalmente.
Desde 1949, cuando este día se estableció, una sirena suena en todo el país y la gente se queda inmóvil: en la calle, en el trabajo, en la ruta.
Ese minuto de silencio une a millones de personas en un mismo latido. Esta semana mientras abrazo a mi hijo, pienso en todas las madres que dieron más de lo que se puede imaginar.
Pienso en los hijos que no volvieron, en las familias que siguen adelante con una fuerza que solo puede venir del alma. Que la memoria de quienes ya no están sea luz, sea guía, sea bendición.
IOM HAATZMAUT —
“De la memoria… nace la vida.
Esta semana se festejó el Día de la Independencia de Israel.
En 1948, después de casi dos mil años de exilio, persecuciones y sueños rotos, el pueblo judío volvió a tener un hogar.
Un hogar imperfecto, desafiante, pero propio.
Un hogar que nació casi al mismo tiempo que las lágrimas de Iom Hazikarón.
Y hoy, mientras sostengo a mi hijo, siento esa historia viva.
Siento la continuidad, la fuerza, la esperanza.
Somos un pueblo que transforma dolor en vida, oscuridad en luz, silencio en canto.
Hoy celebramos el milagro de seguir aquí.
De seguir creciendo.
De seguir soñando.
Luego, relacionamos estos dos temas con maternidad y paternidad. Para escuchar todo entero, podes hacer click en el enlace de abajo.
También hablamos del día Internacional DEL LIBRO, CRIANZA Y JUDAÍSMO
Hoy es 23 de abril y en todo el mundo se celebra una fecha que nos invita a viajar sin movernos, a pensar sin prisa y a emocionarnos con palabras: el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.
Una jornada que nos recuerda que detrás de cada página hay una voz, una historia y un derecho que la protege.
Pero también es una invitación a mirar hacia adentro:
¿qué lugar ocupan los libros en nuestra vida cotidiana?
¿En nuestra identidad?
¿En nuestra manera de criar, de enseñar, de recordar?
Hoy queremos sumar una mirada especial:
¿qué tiene que ver esta fecha con la maternidad, la paternidad y el judaísmo?
Mucho más de lo que parece.
Porque si algo une a los libros con la crianza y con la tradición judía, es la idea de transmitir.
Transmitir historias, valores, preguntas, memoria y futuro.
Transmitir aquello que no se puede heredar en una cuenta bancaria, pero sí en una biblioteca.
📚 2. ¿Desde cuándo se celebra el Día Internacional del Libro?
El Día Internacional del Libro se celebra oficialmente desde 1996, cuando la UNESCO lo instauró como una fecha global.
La decisión se tomó un año antes, en 1995, durante la Conferencia General de la UNESCO en París.
Pero la idea venía de mucho antes.
En 1926, España ya celebraba su propio “Día del Libro”, impulsado por el escritor y editor Vicente Clavel Andrés.
Primero se festejaba el 7 de octubre, pero en 1930 se trasladó al 23 de abril, día de la muerte de Miguel de Cervantes.
Esa tradición española —y especialmente la fuerza cultural de Sant Jordi en Cataluña— inspiró a la UNESCO para convertir esta fecha en una celebración mundial.
Y así, lo que empezó como una iniciativa local se transformó en un homenaje global a la lectura, la creatividad y la libertad de expresión.
¿Por qué el 23 de abril?
El 23 de abril es una fecha simbólica.
En 1616 murieron tres gigantes de la literatura universal:
- Miguel de Cervantes
- William Shakespeare
- Inca Garcilaso de la Vega
Aunque las fechas exactas difieren por los calendarios de la época, la coincidencia simbólica era demasiado poderosa como para ignorarla.
Tres autores, tres lenguas, tres mundos distintos… unidos por la palabra.
Por eso, desde 1996, el mundo entero celebra este día como un homenaje a la literatura y a quienes la hacen posible.
4. ¿Qué busca este día?
La UNESCO estableció tres grandes objetivos:
- Fomentar la lectura como herramienta de libertad y desarrollo.
- Reconocer el trabajo de autores y autoras, que con sus palabras construyen puentes entre culturas.
- Proteger el derecho de autor, un pilar fundamental para que la creatividad siga viva.
Y aquí aparece un concepto clave:
el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, firmado en 1886.
Este convenio es la base moderna del derecho de autor, garantizando que los creadores mantengan el control sobre sus obras y reciban reconocimiento y compensación por ellas.
Sin ese marco legal, muchos libros, canciones, películas y obras de arte simplemente no existirían.
La cultura necesita libertad, sí, pero también necesita protección.
5. Libros, maternidad y paternidad: la primera biblioteca emocional
Si lo pensamos bien, la maternidad y la paternidad empiezan mucho antes de los pañales y las noches sin dormir.
Empiezan cuando un adulto —madre, padre, abuelo, tío, quien sea— abre un libro y se lo lee a un niño.
Ahí nace la primera biblioteca emocional:
- la voz que arrulla,
- la historia que calma,
- el cuento que enseña,
- la pregunta que despierta curiosidad.
Los psicólogos dicen que los niños no recuerdan las palabras exactas de esos cuentos, pero sí recuerdan la sensación:
la seguridad, el ritmo, el calor de la voz que los acompaña.
Leerle a un hijo es un acto de amor, pero también de autoría:
cada familia escribe su propio libro, con sus frases, sus rituales, sus historias repetidas mil veces.
Y así como el derecho de autor protege la obra de un escritor, la crianza protege la obra más delicada de todas: la identidad de un niño.
6. Judaísmo: el Pueblo del Libro y la transmisión entre generaciones
Si hay una cultura donde el libro es protagonista, es el judaísmo.
No por casualidad se habla del Am HaSefer, el Pueblo del Libro.
En la tradición judía, leer no es un pasatiempo: es un acto espiritual.
Y enseñar a un niño a leer es casi un mandamiento emocional.
Existe un ritual precioso:
cuando un niño aprende las primeras letras del alef-bet, se las unta con miel para que el aprendizaje sea dulce.
Es la manera más simbólica de decir:
“Que el conocimiento te acompañe toda la vida”.
En el judaísmo, la maternidad y la paternidad no son solo biológicas:
son roles de transmisión.
Transmitir historias, preguntas, memoria, resiliencia.
Transmitir un libro que nunca termina de escribirse.
Y hay algo más:
en el Talmud se enseña que “quien cita en nombre de quien lo dijo, trae redención al mundo”.
Es una forma de decir que la autoría importa.
Que reconocer la fuente es un acto ético.
Que el derecho de autor, en cierto modo, ya estaba ahí hace miles de años.
Conté también como se vive esto en Israel y en el mundo.
— “Criar en Israel: Historias que laten fuerte”
“El viaje que nadie te explicó”
Es un viaje con viento fuerte, con sol que quema, con idiomas que se mezclan, con miedos que se nombran y con una intensidad que no te suelta nunca.
Es un viaje donde aprendés a ser madre o padre mientras aprendés a ser inmigrante.
Donde la vida te exige más de lo que pensabas que tenías.
Y donde, aun así, encontrás amor en lugares que jamás imaginaste.
Hoy vamos a hablar de eso.
De lo que no se publica.
De lo que no se confiesa.
De lo que se siente en el pecho, en la panza, en la piel.
— “La maternidad en un país que nunca se detiene”
En Israel, la vida corre rápido.
Muy rápido.
Hay días en los que estás cambiando un pañal y, de fondo, escuchás una sirena.
Otros en los que vas al gan y el país entero está celebrando un feriado que todavía no entendés.
Otros en los que simplemente mirás a tu hijo y pensás:
“¿Cómo se cría en un lugar donde todo pasa tan fuerte?”
La maternidad acá no es calma.
Es intensidad pura.
Es aprender a respirar en medio del ruido.
Es aprender a ser flexible cuando todo alrededor cambia sin avisar.
Es aprender a soltar el control… porque acá, el control es un lujo.
— “La soledad del inmigrante… y la familia que elegís”
Hay una soledad que no se dice.
La de criar sin mamá, sin papá, sin abuelos cerca.
La de no tener a nadie que te toque la puerta con una sopa cuando estás agotada.
La de no poder dejar al bebé “un ratito” para dormir una siesta.
Pero también está la otra cara.
La que nadie te contó.
La de construir familia con amigos.
La de encontrar tribu en un país que no era tuyo… hasta que nació tu hijo.
Esa amiga que aparece con comida.
Ese vecino que te pregunta si necesitás algo.
Ese grupo de mamás que se convierte en tu sostén emocional.
Ese papá del gan que te ofrece llevar a tu hijo porque te ve cansada.
A veces, la familia que te acompaña no es la que te vio nacer.
Es la que te ve criar.
Y esa familia… también es hogar.
— “La familia que emigró con vos: los que también dejaron todo”
Y después está la otra familia.
La que no quedó lejos…
sino la que vino con vos.
La pareja que dejó su trabajo, su idioma, su rutina, su identidad…
para empezar de cero.
Los hijos que no eligieron emigrar, pero igual se subieron al avión.
Los hermanos que crecieron en un país nuevo sin entender por qué.
Esa familia también carga con un duelo.
Un duelo silencioso.
Un duelo compartido.
La pareja que te acompaña también extraña.
También se siente perdida.
También se rompe y se reconstruye.
Y aun así, está ahí.
A tu lado.
Sosteniéndote cuando no podés más.
Recordándote por qué vinieron.
Recordándote que no estás sola.
La familia que emigra junta vive una transformación profunda.
Se vuelve más fuerte.
Más unida.
Más consciente de lo que tiene.
Porque cuando todo lo externo desaparece…
solo queda lo esencial:
ustedes.
Los que se miran a los ojos y dicen:
“Vamos juntos. Aunque duela. Aunque cueste. Aunque dé miedo.”
— “El choque cultural que te desarma”
En Israel te dicen las cosas directo.
Sin filtro.
Y cuando sos madre o padre, eso se siente más fuerte.
“Tu bebé tiene frío.”
“Tu bebé tiene calor.”
“¿Por qué no le das esto?”
“¿Por qué le das aquello?”
Y vos, con tu corazón latino, tratás de entender.
De negociar.
De encontrar tu propio estilo en medio de tantas opiniones.
De sostener tu identidad mientras aprendés otra.
Criar acá es un ejercicio constante de equilibrio.
Entre lo que traés… y lo que el país te pide.
“Criar entre idiomas: cuando tu hijo te supera”
Un día tu hijo te dice “ima”, al otro te dice “mamá”, y al otro te mezcla todo.
Y vos te preguntás:
“¿Qué identidad está construyendo?”
La respuesta es simple y compleja a la vez:
La suya.
Una identidad que no es copia de la tuya ni de la israelí.
Es una mezcla hermosa, imperfecta, única.
Y a veces, cuando lo escuchás hablar hebreo mejor que vos…
sentís orgullo y un pequeño duelo al mismo tiempo.
Porque entendés que tu hijo pertenece a un lugar que vos todavía estás aprendiendo a habitar.
Entre otros temas. Escuchá todo entero en este enlace de Youtube



