YOM YERUSHALAIM: EL TRIUNFO de la permanencia

Por Naftali Posada

El pueblo de Israel ha conocido muchas formas de exilio. No solo el exilio de la tierra, sino también el exilio de la dignidad, de la seguridad y del derecho a existir sin persecución. Por eso cuando se recuerda Yom Yerushalaim, no se trata solamente de una victoria militar. Se recuerda un regreso. Una respiración antigua que volvió a entrar en la historia.

Hace apenas unas décadas después de siglos de dispersión, expulsiones y pogromos, y apenas veintidos años después de la sombra terrible de la Shoá, los soldados israelíes llegaron al Kotel y pronunciaron palabras que parecían imposibles: «Har HaBait beyadenu»

» El Monte del Templo está en nuestras manos». Aquella escena no fue solamente política; tuvo algo profundamente bíblico.

Como si las piedras antiguas hubieran esperado generaciones enteras para volver a escuchar voces judías llorando y orando frente a ellas.

Jerusalem en la Torá y los profetas aparece como un punto donde el cielo y la tierra parecen tocarse. Por eso, cuando el pueblo volvió a ella, muchos sintieron que no regresaban solo a un territorio, sino también a una memoria espiritual que nunca pudo ser borrada.

Sin embargo, el tiempo actual muestra una paradoja dolorosa. Mientras Jerusalém florece, mientras el Hebreo volvió a ser lengua viva y mientras Israel se convirtió en refugio para judíos del mundo entero. El antisemitismo vuelve a crecer en muchos países. Viejos odios cambian de ropa pero conservan el mismo rostro.

Allí surge una reflexión profunda sobre Jerulalém la historia judía enseña que

cada reconstrucción trae también oposición. Asi ocurrió con Nejemía reconstruyendo murallas entre amenazas; así ocurrió con los Macabeos, así acurrió después de 1967. Jerusalém parece recordarle al mundo que la existencia de Israel contradice la idea de que la historia judía podía desaparecer.

Pero quizá el sentido más importante de Yom Yerushalaim no sea celebrar poder, sino la permanencia. Porque el triunfo más grande no fue conquistar una ciudad, sino sobrevivir como pueblo después de Babilonia, inquisiciónes, expulsiones, guetos y campos de exterminio. El milagro es que en Jerusalém  todavia haya generaciones capaces de estudiarla, cantarle y llorar por ella.

En un tiempo donde aumenta el odio,  el ruido y la confusión. Jerulalém sigue siendo una especie de testigo silencioso.

Sus piedras han visto imperios levantarse y caer. Han visto enemigos jurar la desaparión de Israel…Y desaparecer ellos primero. Y quizá por eso la ciudad continúa siendo símbolo de esperanza: Porque enseña que la oscuridad histórica nunca tuvo la última palabra.

Yom Yerushalaim entonces, no solo mira al pasado. También pregunta al presente:

¿Cómo conservar la identidad sin odio?

¿Cómo defenderse sin perder el alma?

¿Cómo seguir siendo luz en un mundo tan fracturado?

Tal vez la respuesta esté en el mismo nombre de la ciudad: Yerushalaim. La ciudad de la paz. Una paz que todavía parece lejana, pero que sigue siendo soñada generación tras generación. Y quiza ese sea el verdadero triunfo: que después de todo, el pueblo de Israel aún siga soñando.

Raquel
Raquel

Soy Raquel Anabel Uscalovsky Charlson, periodista integral, realicé especialización en periodismo de espectáculos y deportivo. Además, estudié diseño web entre otras cosas relacionadas con periodismo e informática.

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