Hogares suspendidos: entre la guerra y la distancia

Por Rajel Uscalovsky Charlson
La guerra cerró el aeropuerto y congeló los planes. Lo que iba a ser una visita breve a la Argentina se transformó en un paréntesis inesperado. La valija sigue lista, como si en cualquier momento pudiera abrirse el camino de regreso a Israel, pero la decisión se vuelve imposible: un bebé de casi un año convierte el miedo en brújula y la nostalgia en un peso difícil de cargar.
En Israel, los negocios cerrados, la falta de comida y las alarmas que encierran a la gente en sus casas dibujan un país en pausa, un hogar inaccesible. En Argentina, la inseguridad y la crisis económica recuerdan que tampoco aquí hay certezas. La vida se convierte en una sucesión de preguntas sin respuesta, y la espera se instala como rutina.
La experiencia de estar varados obliga a redefinir el concepto de hogar. Ya no es solo un lugar físico, sino la seguridad que se logra construir en medio del caos. Entre aeropuertos cerrados y planes que se deshacen, la verdadera patria se convierte en la calma que se le pueda dar a un hijo.
Pero esta historia no es exclusiva de quienes quedaron atrapados por la guerra. También la viven aquellos que salieron de Israel por motivos más simples: un viaje de trabajo, un congreso, un casamiento de amigos. Lo que comenzó como una ausencia breve se transformó en un exilio involuntario. Ellos también miran hacia su casa desde lejos, con la angustia de saber que sus familias atraviesan la guerra sin poder estar presentes.
La diferencia es que unos quedaron varados por una visita inesperada, otros por compromisos laborales o sociales. Pero el denominador común es la misma herida: la imposibilidad de regresar, la distancia que se vuelve más dolorosa cuando el hogar está bajo amenaza.
En esa tensión —entre pertenencia y supervivencia, entre el deseo de volver y la necesidad de resistir— lo único que permanece firme es la esperanza. La esperanza de regresar algún día a la vida que se eligió, cuando la guerra lo permita. La esperanza de que, más allá de las fronteras y las distancias, el hogar siga siendo posible allí donde se construya la calma.

Raquel
Raquel

Soy Raquel Anabel Uscalovsky Charlson, periodista integral, realicé especialización en periodismo de espectáculos y deportivo. Además, estudié diseño web entre otras cosas relacionadas con periodismo e informática.

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