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Por Rajel Uscalovsky Charlson
En mi podcast de hoy, hablamos de:
“Entre aeropuertos cerrados y brazos abiertos”
Una historia personal:
Una familia parte desde Israel con su bebé de un año.
El motivo: un evento familiar en Argentina.
El viaje debía ser breve, apenas unos días.
Pero el camino fue largo, más largo de lo esperado: varios aeropuertos, escalas interminables, desvíos forzados por el paro argentino.
Cada paso, cada espera, cada anuncio en los altavoces parecía alargar la distancia entre la ilusión y la llegada.
Finalmente, después de días de tránsito, la familia pisa suelo argentino.
La valija lista, el bebé cansado, los brazos convertidos en cuna improvisada.
Lo que parecía un paréntesis corto se transformaría en otra cosa.
La guerra estalla en Israel. El aeropuerto se cierra. El regreso se congela.
La visita se convierte en exilio involuntario.
Ese bebé llora más seguido. No quiere la cuna. Prefiere estar arriba de uno, sentir el calor de los brazos que lo sostienen.
La comida no le gusta tanto como la de Israel. Y salir a pasear se vuelve necesario, como si el movimiento pudiera engañar a la nostalgia que también sienten sus padres.
En Israel, los negocios cerrados, la falta de comida, las alarmas que encierran a la gente dibujan un país en pausa.
En Argentina, la inseguridad y la crisis económica recuerdan que tampoco aquí hay certezas.
La vida se convierte en una sucesión de preguntas sin respuesta.
La espera se instala como rutina.
La experiencia de estar varados obliga a redefinir el concepto de hogar.
Ya no es solo un lugar físico.
Es la calma que se logra construir en medio del caos.
Es el abrazo que sostiene cuando todo se derrumba.
Y esta historia no es única.
También la viven quienes salieron de Israel por motivos simples: un congreso, un casamiento, un viaje de trabajo.
Lo que comenzó como una ausencia breve se transformó en un exilio involuntario.
Ellos también miran hacia su casa desde lejos, con la angustia de saber que sus familias atraviesan la guerra sin poder estar presentes.
La diferencia es mínima: unos quedaron varados por un evento familiar, otros por compromisos laborales.
Pero el denominador común es la misma herida: la imposibilidad de regresar.
La distancia que se vuelve más dolorosa cuando el hogar está bajo amenaza.
En esa tensión —entre pertenencia y supervivencia, entre el deseo de volver y la necesidad de resistir— lo único que permanece firme es la esperanza.
La esperanza de regresar algún día a la vida que se eligió, cuando la guerra lo permita.
La esperanza de que, más allá de las fronteras y las distancias, el hogar siga siendo posible allí donde se construya la calma.
Pero la esperanza no es solo un deseo. Es también un acto de resistencia.
Es preparar la comida aunque falten sabores.
Es inventar juegos para un bebé que busca brazos.
Es caminar por calles desconocidas y convertirlas en rutina.
Es sostener la valija cerrada, como símbolo de un regreso que todavía no llega, pero que no se abandona.
La gente ayuda, sí. Hay manos solidarias, hay gestos que sostienen.
Pero la vida se siente diferente.
Cuesta tener la mitad de las cosas.
La música en las casas no es la misma… y el bebé lo siente.
Sin embargo, cuando uno le pone la música que conoce, se alegra.
Es como si por un instante volviera a casa, como si el sonido devolviera la certeza de que el hogar sigue vivo en la memoria.
La esperanza es la voz que dice: “volveremos”.
Es la certeza de que el hogar no se mide en kilómetros ni en fronteras, sino en la capacidad de abrazar la vida, incluso en medio del caos.
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Luego hablamos de más lugares de Israel para pasear con el judaismo, la paternidad y maternidad:
🌿 Haifa: los jardines se abren al mundo y las familias enseñan a sus hijos que la tradición puede dialogar con la modernidad.”
🌵 Be’er Sheva: nos enseña que ser madre y padre es dar agua en medio del desierto, sostener la vida en la aridez.”
🌊 Tiberíades: refleja siglos de sabiduría, donde padres y madres enseñan que el estudio es herencia.”
🕍 Safed (Tzfat): nos recuerda que criar es enseñar a soñar, que la familia es también un espacio de misticismo compartido.”
Y otras ciudades…
“Cada ciudad de Israel es un latido distinto del mismo corazón. Haifa abre horizontes, Be’er Sheva pacta resiliencia, Tiberíades refleja sabiduría, Safed transmite misticismo, Hebrón guarda raíces, Acre convive en diversidad, Eilat florece en el desierto, el Néguev enseña resiliencia, Masada defiende dignidad, Galilea transmite espiritualidad y Jaffa convive con modernidad. Todas juntas nos dicen que el judaísmo vive en la maternidad y la paternidad, en la transmisión de padres a hijos, en la memoria que se convierte en futuro. Viajar por Israel es viajar por la historia de la familia judía: un viaje que nunca termina, porque cada generación lo vuelve a comenzar.”
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Hoy es 12 de marzo y hablamos también del Glaucoma y el Escudo argentino relacionando con judaismo y la familia.
Escucha todo completo en el enlace que está acá de audio



