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por Rajel Uscalovsky Charlson
Janucá celebra un milagro de luz que dura más de lo esperado. La maternidad tiene mucho de eso.
Janucá ocurre en invierno, cuando oscurece temprano. La maternidad también implica crear calor y refugio en medio de la vida real, a veces, cansada o incierta. Las velas iluminan no solo la casa, sino la intención de construir un espacio seguro.
Este año Janucá me encontró distinta: con un bebé de 9 meses en brazos, menos horas de sueño y con una nueva luz.
Estoy muy cansada pero ayer mientras encendía la primera vela, entendí algo que me atravesó:
La luz no aparece cuando todo está ordenado. Aparece cuando más la necesitamos.
Y así es la maternidad, Crees que no te queda energía, y de repente aparece un poquito más. Como ese aceite que debía durar un día y duró ocho.
En estos meses descubrí mis propios milagros:
Quizás llevas noches sin dormir bien pero de repente aparece una sonrisa, un abrazo de tu bebé que ilumina todo y te llena de felicidad.
Milagros chiquitos, pero tan reales como la llama que encendemos cada noche.
En el judaísmo, Janucá también es dedicación y también trata sobre recuperar el interior. La maternidad también implica reconstruirse, redefinirse, reencontrarse con una identidad que cambia pero no se pierde.
Y aunque mi bebé todavía no entiende el significado de las velas, yo ya estoy sembrando luz en su mundo.
Luz que no es perfecta, pero es verdadera.
Este año no busqué la foto ideal. Busque algo más…
Y en eso encontré presencia y en ella encontré mi milagro







