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Por Raquel Uscalovsky Charlson
En Crónicas Cotidianas seguimos explorando un lugar que muchos no hablan pero que vale la pena hacerlo. En el podscast de hoy hablamos de la vuelta al origen de todo: el embarazo. Un tiempo donde el cuerpo cambia, las emociones se mezclan y la vida empieza a crecer en silencio. En la tradición judía, cada etapa se acompaña con tefilá, segulot y pequeños actos de conexión espiritual.
🤍 Primer trimestre: incertidumbre, ilusión y tefilá por salud.
🤍 Segundo trimestre: más energía, más vínculo; Torá como fortaleza.
🤍 Tercer trimestre: preparación profunda, calma y agradecimiento.
Cada embarazo es único. No hay un camino correcto, solo tu camino. Un viaje físico, emocional y espiritual donde traer vida al mundo se vuelve un acto de fe y amor. También hablamos de que hay un trimestre del que casi nadie habla. El cuarto trimestre: Ese que empieza cuando todos creen que “ya pasó lo difícil”, pero en realidad recién comienza otra transformación.
Entre noches eternas con un bebé recién nacido, donde el silencio pesa y el cansancio arde, también aparece una nueva versión de nosotras. Una que aprende a amar desde otro lugar, a sostener incluso cuando tiembla, a reconstruir su identidad pedacito a pedacito.
El shalom bait —esa paz del hogar— se vuelve un trabajo de dos, un baile nuevo donde cada uno intenta encontrar su ritmo mientras la vida cambia para siempre. No siempre es perfecto, pero es real. Y en esa realidad también hay amor. Ser mujer después del embarazo es mirarse al espejo y descubrir que no somos las mismas… y que eso está bien. Que hay fuerza en lo que se rompió y belleza en lo que renace. Que podemos ser madres sin dejar de ser mujeres, compañeras, soñadoras.
El cuarto trimestre no es solo un desafío. Es un puente. Entre lo que fuimos y lo que estamos aprendiendo a ser. Entre el caos y la ternura. Entre el cansancio y ese amor que, aunque duela, siempre vale la pena.






